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Cuando,
en el año 1810 -y copiando probablemente una serie semejante
grabada en 1633 por el francés Jacques Callot bajo el título
de "Las miserias y los males de la guerra"-, Francisco de
Goya empezó a pintar la primera de las 82 estampas que componen
la serie titulada "Los Desastres de la Guerra", no podía imaginar
que casi dos siglos más tarde, otros artistas aprovecharían
la ceremonia de entrega de unos premios que llevan su nombre
para declarar su rechazo a una nueva guerra, dando, de paso,
una lección de ética política a un gobierno que los llamará
traidores; sin embargo, estar en contra de esta guerra no
equivale a defender a Sadam Hussein, ese tirano siniestro
que fue durante años peón de los intereses de Washington en
la región; estar en contra de la guerra es apostar por una
solución diplomática al conflicto". En "El País" del lunes
3 de febrero, podemos leer en título que "El Gobierno de EE
UU anuncia que instalará una administración civil en Irak
tras la guerra", y, un poco más bajo y en tres líneas como
si de un suceso se tratara, que "Londres no descarta el uso
de armas nucleares". Estos dos títulos, traducidos en español
sensato significan dos cosas; primero que, digan lo que digan,
habrá guerra, y segundo que los dirigentes de hoy están, con
perdón, como una cabra. ¿Cómo se atreve el ministro de defensa
inglés éste, amigo de Bush y Aznar, a declarar que está dispuesto
a utilizar armas nucleares? Desde el momento de su toma de
posesión, Bush se ha volcado en dos prioridades estratégicas:
la modernización y el desarrollo de las competencias militares
de Estados Unidos y la adquisición de reservas petroleras
adicionales a partir de fuentes extranjeras para economizar
las propias. Por ello y con la complicidad de algunos gobierno
vasallos (¿vendidos?), Bush quiere colonizar Irak para apropiarse
el segundo depósito de petróleo del mundo. Todo el mundo lo
sabía pero nadie se atrevía a suponer que lo haría tan descaradamente.
El equipo de seguridad nacional del presidente Bush ha concluido
un plan que establece una fuerte ocupación militar de Irak
por un periodo mínimo de 18 meses, juicios militares de los
dirigentes iraquíes, y la toma del control y la gestión de
los campos de petróleo del país para iniciar su "recuperación".
Por medio de un documento oficial denominado eufemísticamente
"Administración y democratización de Irak" -cuyo contenido
ha sido parcialmente revelado al periódico "The New York Times"
el pasado 6 de diciembre por responsables de la Administración
Bush- EE UU ha comenzado a perfilar los detalles del plan
que guiará la administración de Irak una vez que el gobierno
actual de este país haya sido derrocado. Hace meses que todo
está preparado y nos vienen ahora con cuentos de que "a lo
mejor no habrá guerra". Irak dispone del 64% de la reserva
petrolífera mundial, su petróleo es de muy buena calidad,
con un coste de extracción muy bajo y un transporte fácil;
es un pastel apetitoso para quien sabe que el control de estos
recursos permitiría una influencia determinante sobre el mercado
energético del siglo XXI. El control del petróleo Iraquí permitirá
al vencedor de disponer, además de reservas que garantizan
la regularidad del suministro en caso de crisis con Arabia
Saudita, de un instrumento de presión sobre el precio del
petróleo. Según la cantidad extraída, aunque fuera sólo para
pagar la guerra, la OPEP se encontraría debilitada, y con
ella, el Venezuela de Chávez. En cuanto a Arabia Saudita,
bastará entonces con hacer bajar el precio del barril hasta
los 18 dólares para debilitar su economía y disponer de un
medio eficiente para acompañar otro cambio de régimen. La
economía de Rusia puede ser rápidamente desequilibrada por
una bajada del precio del crudo por ser muy cara la extracción
en Siberia y Putín y sus acólitos de "Lukoil" lo saben perfectamente,
ahora que su monopolio sobre el transporte ha sido mermado
por la construcción del oleoducto Bakou (Caspio)-Tbilissi
(Georgia)-Ceyhan (Turquia). En cuanto a China, su gusto inmoderado
por las obras titánicas le puede costar caro y sabe que cuatro
o cinco pepinazos dirigidos a sus enormes centrales hidroeléctricas
la dejaría con cien millones de muertos y sin energía. Así
vemos que detrás de los motivos "oficiales" de las guerras
se esconden intereses personales, económicos y hegemónicos
en beneficio de una minoría de manipuladores que casi no esconden
ya, sus verdaderas intenciones; dividir el mundo, exaltarlo,
a fin de dominarlo mejor, ya que el comercio de armamento
da un jugoso beneficio y la posesión del petróleo da el poder.
Resulta cada vez más evidente que esta pretendida "guerra
contra el terrorismo"- sobre la cual se ha dicho varias veces
que será "larga y sucia", es una excusa más para ocultar el
motivo verdadero de esta política de mundialización armada.
Es cada vez más evidente que el 11 de septiembre fue una bendición
para Bush hijo, como la guerra del golfo lo había sido para
su padre; Hasta entonces, este gobierno viejo de nueve meses,
ilegitimado por su negación a firmar el acuerdo de Kyoto y
su apoyo incondicional a la sucia guerra de Israel, lidiaba
para destacar un poco en el panorama mundial. El 11 de septiembre
le dio la posibilidad de declarar la guerra al terrorismo,
haciendo de esta supuesta cruzada el principio de organización
de la nueva política capitalista mundial. Como dijo Andrés
Trapiello hace unos días, "hoy por hoy, el único peligro serio
para la paz mundial es Bush". Y para la paz en Europa, Aznar,
Blair y sus amigos. La ministra de asuntos exteriores, Ana
Palacio, que quiere poner una guerra en su currículo, quita
protagonismo a la Eurocámara como Bush hace con la ONU; mientras,
el señor Aznar juega al escondite con el parlamento y se niega
a explicar las razones por las que, siguiendo las órdenes
de su señor y amo "Bush segundo", va a comprometer al país
en una guerra. Para el señor Aznar, lo que dice Washington
va a misa pero incluso la gente de la calle puede notar ahora
la ambigüedad de la retórica de Estados Unidos sobre las virtudes
de "la democracia y los derechos humanos" y cada vez son más
los que toman conciencia de las mentiras, las incoherencias
y las contradicciones que manejan los serviles medios de difusión
oficiales. El señor Aznar todavía no ha facilitado la menor
información sobre los compromisos asumidos con el presidente
Bush. No se trata únicamente de la utilización de las bases
de Rota y Morón, calificadas por EEUU como "puente aéreo estratégico";
en realidad, el presidente del Gobierno ya está implicado
en los preparativos de la guerra, militares y civiles. Es
evidente que Aznar ha comprometido ya su apoyo logístico y
militar a EEUU. De lo contrario ¿Por qué ocultaría que en
la base de Rota, se han preparado cientos de camas para que
puedan pernoctar los soldados americanos en tránsito hacia
el Golfo y que allí se ha habilitado ya una unidad de descontaminación
bioquímica y un mortuorio? ¿Qué le habrá prometido Bush para
que le siga tan de cerca; el caudillaje de lo que quedara
de esta Europa desestabilizada por el nuevo imperio Americano?
Después de esta guerra, se inventará otra, y otra, hasta conseguir
lo que buscan y llevar el mundo a un nuevo holocausto? ¿ No
ven Aznar y Blair que, como los señores de antaño, Bush necesita
feudatarios y siervos, aunque fueran insignificantes, para
asentar su poder? En junio de 2001, cuando Piqué se deshace
en reverencias a Bush y Aznar apoya sin restricciones la construcción
del escudo antimisiles, Bush declara haber tenido en Madrid
"el almuerzo más productivo desde que soy presidente". ¿Hablaron
entonces de colonizar Irak y abrir juntos las puertas del
infierno?
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