Las puertas del infierno

Paul-Hervé Paquet

 

"El único medio de vencer en una guerra es evitándola"

Georges C. Marshall (1880-1959), militar y político estadounidense.

Cuando, en el año 1810 -y copiando probablemente una serie semejante grabada en 1633 por el francés Jacques Callot bajo el título de "Las miserias y los males de la guerra"-, Francisco de Goya empezó a pintar la primera de las 82 estampas que componen la serie titulada "Los Desastres de la Guerra", no podía imaginar que casi dos siglos más tarde, otros artistas aprovecharían la ceremonia de entrega de unos premios que llevan su nombre para declarar su rechazo a una nueva guerra, dando, de paso, una lección de ética política a un gobierno que los llamará traidores; sin embargo, estar en contra de esta guerra no equivale a defender a Sadam Hussein, ese tirano siniestro que fue durante años peón de los intereses de Washington en la región; estar en contra de la guerra es apostar por una solución diplomática al conflicto". En "El País" del lunes 3 de febrero, podemos leer en título que "El Gobierno de EE UU anuncia que instalará una administración civil en Irak tras la guerra", y, un poco más bajo y en tres líneas como si de un suceso se tratara, que "Londres no descarta el uso de armas nucleares". Estos dos títulos, traducidos en español sensato significan dos cosas; primero que, digan lo que digan, habrá guerra, y segundo que los dirigentes de hoy están, con perdón, como una cabra. ¿Cómo se atreve el ministro de defensa inglés éste, amigo de Bush y Aznar, a declarar que está dispuesto a utilizar armas nucleares? Desde el momento de su toma de posesión, Bush se ha volcado en dos prioridades estratégicas: la modernización y el desarrollo de las competencias militares de Estados Unidos y la adquisición de reservas petroleras adicionales a partir de fuentes extranjeras para economizar las propias. Por ello y con la complicidad de algunos gobierno vasallos (¿vendidos?), Bush quiere colonizar Irak para apropiarse el segundo depósito de petróleo del mundo. Todo el mundo lo sabía pero nadie se atrevía a suponer que lo haría tan descaradamente. El equipo de seguridad nacional del presidente Bush ha concluido un plan que establece una fuerte ocupación militar de Irak por un periodo mínimo de 18 meses, juicios militares de los dirigentes iraquíes, y la toma del control y la gestión de los campos de petróleo del país para iniciar su "recuperación". Por medio de un documento oficial denominado eufemísticamente "Administración y democratización de Irak" -cuyo contenido ha sido parcialmente revelado al periódico "The New York Times" el pasado 6 de diciembre por responsables de la Administración Bush- EE UU ha comenzado a perfilar los detalles del plan que guiará la administración de Irak una vez que el gobierno actual de este país haya sido derrocado. Hace meses que todo está preparado y nos vienen ahora con cuentos de que "a lo mejor no habrá guerra". Irak dispone del 64% de la reserva petrolífera mundial, su petróleo es de muy buena calidad, con un coste de extracción muy bajo y un transporte fácil; es un pastel apetitoso para quien sabe que el control de estos recursos permitiría una influencia determinante sobre el mercado energético del siglo XXI. El control del petróleo Iraquí permitirá al vencedor de disponer, además de reservas que garantizan la regularidad del suministro en caso de crisis con Arabia Saudita, de un instrumento de presión sobre el precio del petróleo. Según la cantidad extraída, aunque fuera sólo para pagar la guerra, la OPEP se encontraría debilitada, y con ella, el Venezuela de Chávez. En cuanto a Arabia Saudita, bastará entonces con hacer bajar el precio del barril hasta los 18 dólares para debilitar su economía y disponer de un medio eficiente para acompañar otro cambio de régimen. La economía de Rusia puede ser rápidamente desequilibrada por una bajada del precio del crudo por ser muy cara la extracción en Siberia y Putín y sus acólitos de "Lukoil" lo saben perfectamente, ahora que su monopolio sobre el transporte ha sido mermado por la construcción del oleoducto Bakou (Caspio)-Tbilissi (Georgia)-Ceyhan (Turquia). En cuanto a China, su gusto inmoderado por las obras titánicas le puede costar caro y sabe que cuatro o cinco pepinazos dirigidos a sus enormes centrales hidroeléctricas la dejaría con cien millones de muertos y sin energía. Así vemos que detrás de los motivos "oficiales" de las guerras se esconden intereses personales, económicos y hegemónicos en beneficio de una minoría de manipuladores que casi no esconden ya, sus verdaderas intenciones; dividir el mundo, exaltarlo, a fin de dominarlo mejor, ya que el comercio de armamento da un jugoso beneficio y la posesión del petróleo da el poder. Resulta cada vez más evidente que esta pretendida "guerra contra el terrorismo"- sobre la cual se ha dicho varias veces que será "larga y sucia", es una excusa más para ocultar el motivo verdadero de esta política de mundialización armada. Es cada vez más evidente que el 11 de septiembre fue una bendición para Bush hijo, como la guerra del golfo lo había sido para su padre; Hasta entonces, este gobierno viejo de nueve meses, ilegitimado por su negación a firmar el acuerdo de Kyoto y su apoyo incondicional a la sucia guerra de Israel, lidiaba para destacar un poco en el panorama mundial. El 11 de septiembre le dio la posibilidad de declarar la guerra al terrorismo, haciendo de esta supuesta cruzada el principio de organización de la nueva política capitalista mundial. Como dijo Andrés Trapiello hace unos días, "hoy por hoy, el único peligro serio para la paz mundial es Bush". Y para la paz en Europa, Aznar, Blair y sus amigos. La ministra de asuntos exteriores, Ana Palacio, que quiere poner una guerra en su currículo, quita protagonismo a la Eurocámara como Bush hace con la ONU; mientras, el señor Aznar juega al escondite con el parlamento y se niega a explicar las razones por las que, siguiendo las órdenes de su señor y amo "Bush segundo", va a comprometer al país en una guerra. Para el señor Aznar, lo que dice Washington va a misa pero incluso la gente de la calle puede notar ahora la ambigüedad de la retórica de Estados Unidos sobre las virtudes de "la democracia y los derechos humanos" y cada vez son más los que toman conciencia de las mentiras, las incoherencias y las contradicciones que manejan los serviles medios de difusión oficiales. El señor Aznar todavía no ha facilitado la menor información sobre los compromisos asumidos con el presidente Bush. No se trata únicamente de la utilización de las bases de Rota y Morón, calificadas por EEUU como "puente aéreo estratégico"; en realidad, el presidente del Gobierno ya está implicado en los preparativos de la guerra, militares y civiles. Es evidente que Aznar ha comprometido ya su apoyo logístico y militar a EEUU. De lo contrario ¿Por qué ocultaría que en la base de Rota, se han preparado cientos de camas para que puedan pernoctar los soldados americanos en tránsito hacia el Golfo y que allí se ha habilitado ya una unidad de descontaminación bioquímica y un mortuorio? ¿Qué le habrá prometido Bush para que le siga tan de cerca; el caudillaje de lo que quedara de esta Europa desestabilizada por el nuevo imperio Americano? Después de esta guerra, se inventará otra, y otra, hasta conseguir lo que buscan y llevar el mundo a un nuevo holocausto? ¿ No ven Aznar y Blair que, como los señores de antaño, Bush necesita feudatarios y siervos, aunque fueran insignificantes, para asentar su poder? En junio de 2001, cuando Piqué se deshace en reverencias a Bush y Aznar apoya sin restricciones la construcción del escudo antimisiles, Bush declara haber tenido en Madrid "el almuerzo más productivo desde que soy presidente". ¿Hablaron entonces de colonizar Irak y abrir juntos las puertas del infierno?

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