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A los representantes de los
partidos políticos de San Vicente del Raspeig:
Raimundo
Montero
Justo en el 2002, el Año Internacional de las
Montañas, se advierte indicios preocupantes de que ahora (que
ya se halla casi toda la costa alicantina destrozada con urbanizaciones
a escasos metros de la orilla de las playas) van a devastar
las montañas. Hay noticias alarmantes que apuntan a que pretenden
urbanizar en la sierra Maigmó, Aitana, Serrella; Ventós, El
Sabinar, Puntes de Gozálvez; La Ballestera, etc.; aparte de
construir campos de golfs en El Campello, en San Vicente del
Raspeig –en esta población, curiosamente en la misma zona que,
con el patrocinio del propio Ayuntamiento, se ha reforestado-
, etc. Igualmente, valga de ejemplo, parte de la población,
ecologistas y montañeros, está luchando año tras año para que
los urbanizadores, con el beneplácito de los ayuntamientos de
Busot y Aguas de Busot, no destrocen la sierra el Cabeço d´Or,
así como para conseguir que se la declare paraje natural y preservarla
de los promotores-depredadores que han puesto sus ojos especuladores
en ese monte tan entrañable. Si de aquí a unos años se urbanizase
en zona rústica y protegida de las montañas españolas, entre
otros delitos contra la naturaleza, haríamos un ridículo tremendo;
pues solamente España habría destrozado dentro de toda la Unión
Europea, en el transcurso de medio siglo, tanto su litoral como
sus sierras. Un caso chocante y recurrente se da en la sierra
del Ventós, en el Pla de Xirau, al sur de venta Xirau, en una
zona de unas veinte casas aisladas en el monte y a unos 22 km.
de Alicante. Varios dueños de esas viviendas, como es natural,
no quieren que se urbanice donde residen: desean seguir viviendo
tranquilamente en la montaña, sin necesidad de alcantarillado,
pues cada uno se ha construido su pozo ciego, y detestan las
farolas, las vías y cientos de futuras casas adosadas que alterarían
la zona de monte donde habitan. Seguramente, a la fuerza, les
obligarán a que se desprendan del 42% de su fincas y habrán
de abonar cada vecino unos 30.000 euros para que esa urbanización
les complique la vida, pierdan la paz y el silencio de la sierra
a fin de que el Ayuntamiento cobre sus comisiones por obras
y autorice una operación supuestamente rentable; pero depredadora
a más no poder de bienes ajenos y de la naturaleza. El urbanizador
dará el pelotazo de su vida, mientras que los dueños de las
fincas y la propia montaña quedarán hechos trizas (de la flora
y fauna de la sierra ya se sabe, van con palas y grúas, deforestan
y destruyen a placer y a discreción). Me irrita la indolencia
tan propia de los españoles: ¿por qué no nos movilizamos y evitamos
que los ayuntamientos, por unas comisiones por obras, autoricen
a los promotores a que destruyan la escasa naturaleza virgen
que se conserva en nuestro país: las montañas? Ni Hitler ni
Stalin llegaron a tanto: con sus gobiernos expropiaba el Estado
y no como actualmente en España, que con el visto bueno del
ayuntamiento de turno te puede expropiar cualquier especulador
inmobiliario; los cuales, con tal de enriquecerse, edificarán
en el mismo Balcón de Alicante, sito el la sierra del Maigmó,
a poco que nos descuidemos. Aquí se encuentra el timo: sólo
en justicia puede expropiar un ente público (Estado, Diputación,
Comunidad Autónoma o Ayuntamiento) para crear un hospital, instituto,
etc.; sin embargo, ¿cómo no denunciamos ante los juzgados que
nos incauten y expolien promotores privados inmobiliarios para
que, por una ridícula indemnización, se adueñen de nuestras
posesiones y destrocen las montañas más entrañables de Alicante
y del resto de nuestro país? Con esas urbanizaciones o campos
de golfs lo que pretenden es vender 500 viviendas de tacada
o a la vez a gente engañada o mal informada; pues no entiendo
como engatusan a familias que abonan de 120.000 a 180.000 euros
para esta barbaridad: habría familias que entre tanto viaje
de la sierra Aitana a Alicante o Alcoy, pongamos por caso, de
ida y vuelta al trabajo, colegios, peluquerías, tiendas etc.,
de su zona de la montaña a la ciudad, recorrería cada una cientos
de kilómetros diarios. O sea, residirían en una zona fantasma,
sin las ventajas del aislamiento de la montaña y sin los beneficios
de las poblaciones; rodeados de vecinos, de ruidos y de las
molestias de la urbanización, y sin ningún servicio, salvo que
hagas de taxista para ir al trabajo, llevar a los hijos al colegio
o instituto; cines, bares, etc. ¿Por qué esos desalmados en
vez de tanto especular no se dignan a trabajar honradamente?
Antes de que sea demasiado tarde, ¿por qué los españoles no
defendemos nuestros parajes rurales y montañas de tanto especulador-depredador?
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a Raimundo Montero
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