El plagio como medio Intertextualidad ¡Abran paso al recomendado! Carta abierta a Quim Momzó

Intertextualidad total

O el arte de usar los comamdos copiar y pegar

Paul-Hervé Paquet

La intertextualidad total de Quim Monzó: O; cómo usar los comandos "copiar" y "pegar" para cobrar inpunemente el salario de la vergüenza.

plagiosdequimmonzo.com

En un artículo publicado en El Mundo del 22 de febrero de 2002, Quim Monzó intenta torpemente defenderse de mis acusaciones de plagio. Firmado por la misma Pila Ortega Bargueño que me negó durante casi un año, a lo mejor, a espaldas de sus superiores, la posibilidad de publicar las pruebas que había reunido sobre estos plagios, este artículo no sirve ni una no otra de las partes. No deja claro quien lo denuncia -en ningún momento se cita mi nombre- y deja un poco en el aire el teme de fondo que es la impostura. Como descubridor de estos plagios, me parece por lo menos curioso que se permita a este señor defenderse cuando se me negó rotundamente la publicación de mis acusaciones. No fue por falta de insistir porque envié a Doña Pilar Ortega siete faxes con copia de todos los casos que había encontrado, un artículo parecido al que publiqué en El Raspeig para ahorrarle trabajo y firmado de mi mano para descargarla de toda responsabilidad. No hubo nada que hacer y me fue dando larga durante meses hasta que decidí pasar de ello y actuar por cuenta propia inundando Internet de datos sobre este vergonzoso asunto. Ninguno de los medios contactados se atrevió a publicar esta noticia cuando publicaban páginas enteras sobre otros plagios de menor alcance. Se trataba de un caso de plagio que se repetía cada semana, durante todo el año, y nadie se atrevía a publicarlo; llegué a preguntarme si podría ser por miedo. Quim Monzó ha declarado esta semana que "Internet es como el Far West". Olvidó decir que es amigo del sheriff y que, por ello, ningún medio de comunicación se atreve ni siquiera a criticarlo a pesar de su insignificancia literaria. Quim Monzó conoce mis acciones desde mayo de 2001, cuando envíe el primer correo para avisar de mi descubrimiento a Javier Godó, Conde de Godó, y José Antich, respectivamente Presidente Editor y director del Magazine y la mejor prueba de ello es que, a partir de esta fecha, dejo de copiar. Lo que molesta a Quim Monzó es que Internet esté protegido de su censura y que, como lo dijo, "no puede hacer nada" - Aunque nada no sea exactamente la verdad; durante las ultimas semanas, han ido desapareciendo paulatinamente de los buscadores catalanes todas las huellas de mis intervenciones en Internet, y si cualquier buscador internacional da unas cuarenta respuestas a la pregunta "Monzó plagio", en www.nosaltres.com, la respuesta es "no s'ha trobat"-; lo mismo pasa con la página www.plagiosdequimmonzo.com cuyos creadores han visto desaparecer la huella en los mismos buscadores catalanes: significativo... El Maria Moliner nos dice que el plagio "era, entre los romanos, la apropiación de esclavos ajenos, o la compra de un hombre libre a sabiendas de que lo era. Ahora, es el hecho de copiar o imitar fraudulentamente una obra ajena". La autenticidad de una obra, sea literaria o de otro índole, se certifica con la firma del autor y firmar la obra de otro es un delito de apropiación indebida contemplado por las leyes y los códigos civiles y penales de casi todos los países del mundo. Entre la inspiración y la falsificación, que son los dos extremos del hecho de generar algo a partir de un modelo ajeno, caben muchas opciones; la parodia, el calco, la imitación, la copia, el facsímil, la réplica y, en última instancia, el plagio, con su carga vergonzante debido al hecho de que este tipo de copia implica que el animo de lucro y el afán de prestigio pasan por encima del sentimiento creador o artístico. Se puede considerar este tipo de actuaciones como el escalón más bajo de la escala cultural. Algunos disfrazan este delito de técnica moderna y llaman Intertextualidad esa practica algo maloliente que es a la literatura lo que la promiscuidad es al amor. Está permitido inspirarse del trabajo ajeno como se permite citar e utilizar extractos de obras ajenas; pero en ambos casos, es conveniente informar al lector, mediante cursiva, comillas o alguna nota, de que esta parte del texto no es trabajo propio. Al contrario de lo que declara Quim Monzó cuando presenta como excusa a su travesura que "los columnistas escribimos sobre actualidad y por ello buscamos noticias en las revistas, en la radio, en los diarios..., en los hechos públicos, que poco tienen que ver con la creación literaria", se puede ser creativo a partir del trabajo ajeno como a partir de una simple noticia, pero para esto hay que llamarse Francisco Umbral, por ejemplo, y no Quim Monzó; con un poco de voluntad, una pizca de inteligencia y un poquito de decencia se puede presentar un nuevo punto de vista que interesara el lector; porque si se trata de presentar el mismo tema con la misma idea de fondo, basta con indicar el sitio donde se puede leer el artículo original, ahorrándose así el trabajo y permitiendo un ahorro de dinero al editor. Hay una gran diferencia entre bordar sobre un tema ajeno y firmar el trabajo de otro y del articulista se espera originalidad; sino buscamos un traductor. La defensa de Quim Monzó consiste en denigrar su propio trabajo, reconociendo que no son nada más que noticias cuando en otros lugares y tiempos les llamaba columnas, comentarios o artículos. En su caso, podemos estar seguros de que su conducta es meramente materialista; quiere cobrar la columna semanal que tiene contratada con el Magazine pero, como competencia, imaginación y talento no dan para tanto, a parte de la posibilidad inconcebible de mermar su beneficio pagando el trabajo de un negro, no le queda más opción que la fotocopiadora. Durante las últimas décadas, la prensa escrita ha evolucionado al revés. Antes, el columnista tenía que buscar la noticia y los actores de acontecimientos capaces de llamar la atención de la masa consumidora que daba de comer al periódico-; ahora, el pueblo es la herramienta, la materia prima y, en vez de darle lo que pide, se le condiciona para que solicite lo que tenemos previsto ofrecerle. El lector ha pasado al segundo plano, como cantidad despreciable, y son los que hacen la noticia los que mandan en el negocio; si es más rentable obviar un plagio, aunque fuera semanal, porque la firma, a pesar de ser falsa, vende más, al la larga, que el escándalo, pues se olvida el plagio y se sigue publicando, domingo tras domingo, articulillos de cualquier pluma pero firmados por Quim Monzó. Quim Monzó dice que hay "errores de perspectivas y no hay maneras de defenderse"; pero, si hay leyes, es para tenerlas en cuenta. O si quiere decir que si, mañana, publico bajo mi firma un artículo hecho de noventa por ciento de trabajo "tomado prestado" de Quim Monzó, este error de perspectiva permitiría que Quim Monzó se olvide de llevarme a juicio. Hay que definir donde empieza y termina la posibilidad de beneficiar de una duda razonable; en el caso de Quim Monzó, es fácil y basta con escoger un ejemplo entre las decenas que, a lo largo de los últimos años, se ofrecen al lector un poco atento. Examinemos, pues, las "perspectivas monzonicas" de uno de ellos: se titula "números de teléfono", está firmado por Quim Monzó y ocupa 40 líneas de la página 10 del magazine del domingo 29 de abril de 2001. La fuente de inspiración se titula "8, ça va, 4... bonjour les dégâts!", está firmado por Chiara Alpago-Novello y ocupa 47 líneas de la página 69 del número 451 del Courrier International de marzo de 2001. Resulta que el artículo de Quim Monzó se compone de la traducción, palabra por palabra e incluyendo algunos errores de sintaxis del escrito original, de 42 de las 47 líneas del texto de la periodista romana y de 10 líneas añadidas que tratan de la superstición ligada al número13 y de las cuales podemos suponer que son de la propia pluma de Quim Monzó. No aparecen ni comillas, ni cursivas, ni cita, ni tampoco información sobre el escrito, el medio o el autor original de este texto plagiado, si calculamos en número de líneas escritas, al 89% y descaradamente firmado; Quim Monzó. Ahora el lector puede entender el porqué de las "perspectivas" de Quim Monzó; no se siente capaz -y esto le honra- de presentar factura por un artículo entrecomillado al 90% y, por ello, como tiene que elegir entre dos males, elige el que menos daño hará a su cuenta bancaria y se olvida de las comillas. Es fácil encontrar las pruebas de los plagios de Quim Monzó e invito a los lectores a que lo intenten, es muy divertido, enriquecedor y, por lo menos, se aprende sobre la naturaleza humana. La técnica es sencilla; se selecciona cualquier de sus "seré breve" del magazine del domingo -tiene que ser anterior a mayo de 2001, fecha en que dejó de copiar- y se busca su gemelo francés en ediciones anteriores del Courrier International. Se suele encontrar entre las dos o tres semanas anteriores a su publicación y con un poco de practica, no cuesta más de cinco minutos. Alguien que, con paciencia, se dedicaría a buscar coincidencias de este tipo entre los escritos de Quim Monzó y los del Courrier International, podría perfectamente reunir cincuenta o más de estos casos de lo que podríamos llamar "intertextualidad total".

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