O
el arte de usar los comamdos copiar y pegar
Paul-Hervé Paquet
Lo
que sigue es una copia del artículo que publiqué en mi columna
mensual en "El Raspeig" (depósito legal A-283-1996), lo que
significa que la noticia ya es pública y se puede comentar
sin problema. Por otra parte, creo importante especificar
que tengo, evidentemente todas las pruebas de lo que afirmo;
las cuales se pueden consultar en plagiosdequimmonzo.com
He
descubierto
que Quim Monzó, un escritorcillo catalán, publicaba bajo su
nombre artículos ajenos; y esto decenas de veces. Lo publiqué
en El Raspeig (depósito legal: A-283-1996), pero los medios
nacionales me suelen contestar que, en Cataluña, este señor
se considera como un "semi-Dios" y no se puede tocar. Me gustaría
saber el por qué de esta situación, sobre todo cuando cada
semana cae algún plagiario entre las manos ávidas de la prensa
-y, a veces, de la justicia.. EL "Magazine", revista que se
distribuye cada domingo junto con algunos diarios, incluye
en sus páginas artículos nacidos de plumas conocidas. Podemos
así disfrutar cada semana de páginas enteras firmadas por
Andrés Trapiello, Carmen Posada o Quim Monzó. El "Courrier
International" (Correo Internacional) es una publicación de
lengua francesa, también hebdomadaria, en la cual se transcriben
los mejores artículos descubiertos a lo largo de la semana
en los periódicos del mundo entero, lo que permite al lector
tener cada semana una idea aproximada de cómo va nuestro planeta
y sus locos habitantes. En la página cuatro de cada edición
se incluye la lista de las fuentes de la semana y cada articulo,
como requieren tanto la decencia como el respeto por los demás
periodistas y, en última instancia, las leyes internacionales
sobre la propiedad intelectual, lleva la firma de su autor
original y el nombre del periódico en el que se publicó. Se
informa al lector cuando se trata de extractos o de un resumen,
la ausencia de mención significando que es una transcripción
literal. A primera vista, estas dos publicaciones no parecen
tener nada en común; no obstante, publican, cada vez más a
menudo y sin saberlo ni una ni otra, los mismos artículos,
pero con firma diferente. En el "Courrier International" Nº
536, de 8 de febrero de 2001, por ejemplo, se reproduce en
una rubrica semanal titulada "Aux États Unis et nulle part
ailleurs" (en EEUU y en ninguna otra parte), un artículo del
periodista americano Michel Janofsky, publicado en "The New
York Times". En este texto sin pretensiones literarias, se
habla del Videoclub CleanFlicks, en el estado norteamericano
de Utah, cuyo dueño, para satisfacer a una clientela mayoritariamente
mormona, expurga las películas que alquila de todo contenido
violento o erótico. En el "Magazine" del domingo 11 de marzo
de 2001, encontramos el mismo artículo bajo el titulo de "Como
Dios manda", con algunos cambios y añadiduras para hacerlo
más típico y firmado por Quim Monzó. En el "Courrier International"
Nº 541 de 15 de marzo de 2001, podemos leer un artículo de
Chiara Alpago-Novello, publicado en el "Diario della Settimana"
de Roma y reproducido bajo el título de "8, ça va, 4... bonjour
les dégats!" (8, vale. 4...¡Mucho cuidado!) y que trata, grosso
modo, de la incidencia de las supersticiones sobre la vida
de los chinos. En el "Magazine" de 29 de abril de 2001, se
puede leer una traducción casi integral del mismo artículo
titulada "Números de teléfono" y firmada por Quim Monzó. En
el mismo numero 541 del "Courrier International" y con el
título de "Se détacher de ses biens matériels à coups de marteau"
(librarse de sus bienes materiales a martillazos), se halla
una entrevista de Michel Landy firmada por Daborah Solomon
y sacada del "New Yorks Times" donde Landy explica por qué
y como va a destruir todas sus pertenencias en un acto que
él considera artístico. El domingo 6 de mayo, Quim Monzó nos
propina en su página del "Magazine" y, ¡como no!, bajo su
firma, una traducción casi literal del mismo texto. El domingo
13 de mayo, pudimos leer en el Magazine, titulado "Animalitos
de Dios, un texto de Lee Gomes que, después de haber sido
publicado en "The Wall Street Journal", fue copiado y firmado
por Quim monzó. Este artículo había sido citado en la página
71 del "Courrier International" de 5 de abril bajo el titulo
de "Bébète show à Hollywood" La serie no se termina aquí pero
sería engorroso citar todos los artículos plagiados por Quim
Monzó. Es cada vez más corriente encontrar en el "Magazine"
con su firma, remodelados y maquillados para "nacionalizarlos"
pero perfectamente reconocibles, textos que se publicaron
unas semanas antes en algún medio de la prensa internacional.
Si, al menos, mencionara los legítimos autores de los escritos,
se le podría perdonar, pero ni eso; ni siquiera comillas o
cursivas para indicar que se está citando a otro autor. De
citar a plagiar hay un camino que no se debe recorrer, pero
Quim Monzó no se deja intimidar por tales pequeñeces y cuando
encuentra en la prensa un artículo que le gustaría haber escrito,
lo copia y lo firma, así de fácil. ¡Ah, y cobra, claro! Pero
por un trabajo que ha hecho otro, y es esto, a lo mejor, lo
que hace que la cosa huela mal. Este señor creía el mundo
muy grande y muy remota la posibilidad de que, a uno de sus
lectores, se le ocurra leer también la prensa internacional,
descubriéndose así el pastel. Quim Monzó, articulista de renombre
y escritor cuyos libros han sido traducidos a una docena de
idiomas, se ha puesto de moda últimamente y pululan los artículos,
reportajes y documentales sobre él. En el mismo "Magazine"
anteriormente citado, se publicó, el pasado 15 de abril, una
entrevista de seis páginas donde se le retrata con detalle
y en la cual, al preguntarle Joaquim Roglan -se presume que
sin malicia-: "¿Qué tal se vive del cuento?", Quim Monzó contesta:
"Vivo del cuento, de la crónica, de la palabra escrita e incluso
hablada." Quizás, tanto la pregunta como la respuesta tenían
doble sentido. La moda está en denunciar los plagios a la
justicia y no hay duda de que se encargarán de ello los que,
con razón, se sentirán estafados al haber pagado a uno un
trabajo que no hizo y otros al comprobar que su trabajo está
utilizado por un desaprensivo. Este tipo de plagio descarado
no es tanto delincuencia como indelicadeza, falta de nobleza,
de orgullo, de honor, de seriedad y de amor propio; Al final
y al cabo, una patochada que puede costar caro porque es más
fácil perder la confianza del público que conquistarla. El
escritor capaz de tal bajeza se puede preparar a afrontar
una época de vacas flacas y si alguien, por casualidad, vuelve
a leer algo de él, será probablemente para ver si lo pilla
otra vez copiando. Ahora, como se permite la duda, podemos
preguntar cuantos de los "ochenta y seis cuentos" firmados
por Quim Monzó son de la plume de Quim Monzó.
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