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Señor Presidente,
Es con mucho respeto por su cargo de Presidente del Gobierno,
pero solicitando que me permita reservar mi opinión en lo que
se refiere a su persona, que me dirijo a usted.
Paul-Hervé
Paquet
En uno de los últimos debates emitidos por televisión repitió
usted más de diez veces: "no quiero que España...". La tarea
del Jefe del Gobierno no consiste en propiciar que se haga
lo que no quiere usted sino lo que es bueno para España, le
guste o no a la persona que ocupa el cargo que, de momento,
ocupa usted. De la misma manera, hizo muchas veces el paralelo
entre Sadam Husein y el atentado del 11 de septiembre, en
un intento de manipulación mental o de intoxicación subliminal
que, si no consiguió su efecto sobre la mente de los españoles
que no son tontos, dañó la imagen del Presidente del Gobierno
español. Estas imágenes dan la impresión que España esta gobernada
por marcianos y que usted no es humano. No parece usted ser
de la misma especie que los miles de millones de personas
que, por todo el planeta, gritan "-No a la guerra"; no puede
usted ser aparentado con los más de cuarenta millones de españoles
que quieren defender su legitimo derecho a vivir en paz, no
quieren que su país asesine miles de inocentes por padecer
un dictador ni tener sobre la conciencia el crimen que, por
razones obviamente mercantiles, se prepara usted a cometer
en nombre de los derechos humanos. Los españoles no quieren
jugar con la paz mundial siendo cómplices de una acción bélica
en que el único país que hará uso de armas de destrucción
masiva será EE UU. Los medios manipulados nos enseñan a los
iraquíes preparándose para la guerra pero ninguno dice que
las motivaciones de estos hombres y mujeres que se ponen el
uniforme para desfilar delante de Sadam son las mismas que
las de los diputados del PP que votaron, la semana pasada,
a favor de este genocidio; lo hacen porque no pueden hacer
otra cosa, porque no se les permite pensar y por miedo al
castigo, como los campesinos "voluntarios" que iban, por camiones
enteros, a saludar el paso del Caudillo y de quien se decía
bajo la manga que "iban a por el bocadillo" cuando la verdad
era que iban para no ser fustigados. Cada día tenemos ejemplos
de esta política "liberal" de su partido; hace unos meses,
cuando, en nuestro pueblo de San Vicente del Raspeig, recogíamos
firmas en contra de un pernicioso proyecto de autopista, un
joven se negó a firmar alegando que era "por temor a las consecuencias
porque su padre trabajaba en el Ayuntamiento"; esto ilustra
perfectamente las razones de los 183 infelices que votaron
a favor de la guerra en el Congreso, haciéndose cómplices
de un agresor que habla de legitima defensa. ¿Porqué no va
usted mismo hacer esta guerra dado que parece ser el único
español que la desea y deja a la gente vivir en paz? No preocupa
a nadie que su postura sea un suicidio político - allá usted-
que costará seguramente el gobierno al PP; preocupa que se
encastille en una posición que puede conducir a un conflicto
de alcance mundial poniendo España fuera de la Ley y en posición
de ser acusada de crimen internacional. Powell dijo que el
Iraq post Sadam (es decir, Estados Unidos) tendrá en cuenta
a los países que ayudaron en su "liberación"; lo que significa,
dicho de manera menos política (leer hipócrita) "que, después
de la invasión y colonización de Iraq, se repartirá el pastel".
Pues bien; ahora que, gracias a esta declaración, tenemos,
por fin, una pista sobre sus motivaciones, cabe preguntarse
lo que le tocará a España en este reparto; ¿unos cuantos barriles
de petróleo, o que una parte de Iraq sea colonia de España
o España un poco más colonia de EE UU? Pues, esto no compensa
el hecho de poner España en la vergonzosa posición que ocupaba
Iraq cuando invadió a Kuwait el 2 de agosto de 1990. Hay todavía
esperanzas dado que tres de los cinco miembros permanentes
del consejo de seguridad de Naciones Unidas están en contra
de esta barbarie pero, a lo mejor, usted está dispuesto a
asumir el papel de cómplice de una guerra ilegal. Ahora que
ha conseguido usted este triste record digno de entrar en
el libro Guiness, de ser el hombre que, en menos tiempo, pasó
de ser el más votado al más odiado, porqué no recapacita y
se vuelve humano, dejando, de paso, de ser el enemigo publico
numero uno y tener toda la humanidad en contra (los americanos
no cuentan y, además, no tenemos ninguna seguridad de que
este pueblo, que no tiene porque ser menos decente que otro,
apoye más a su supuesto representante "Bush II" que el pueblo
español lo hace con el suyo). Para mí es irrelevante la opinión
de un país que se presenta como garante universal de la paz
y el orden cuando es el único que ha hecho uso de armas atómicas
y bombas de napalm contra poblaciones civiles. Podríamos entender
que, al ser usted neocatólico -de los que van a Roma comprar
una indulgencia plenaria para poder participar con el alma
tranquila al genocidio que van a cometer- que su ira vaya
al pagano Sadam, pero las razones del próximo paso, que será
sin duda ayudar a Sharon a deshacerse de los molestos palestinos,
nos parece más oscura. ¿Cual será el siguiente paso de estos
crímenes contra la humanidad que llamarán en el futuro daños
colaterales de una supuesta lucha contra el terrorismo; pedir
a Bush que sus pilotos, en el camino de vuelta, bombardeen
de paso el país vasco para solucionar el problema de ETA?
Los franceses condenaron al Mariscal Pétain a la pena capital
por haber firmado un tratado de paz; ¿Qué harán los electores
con usted que está llevando su país a la guerra sin ningún
motivo confesable? La resolución Bush-Aznar-Blair sirve sólo
a designar a los tres objetivos de todos los odios futuros
y sería digna de parecer en una página del libro que el dibujante
y humorista gráfico almeriense Francisco Martín Morales tituló
"La guerra de los golfos". En el estado actual de las cosas
y siendo usted opuesto a toda el país -menos 183 diputados
que traicionaron "voluntariamente" la palabra dada a sus electores-
en un asunto de tal gravedad, la única decisión decente que
puede tomar sería la de dejar su puesto a alguien capaz de
actuar de acuerdo con la inmensa mayoría de los españoles.
No faltan candidatos a la paz, en España hay más de cuarenta
millones de ellos; uno de ellos, el ciudadano Baltasar Garzón
Real, como partícipe de esta nueva "revolución de la paz"
que gana cada día más terreno en la mente colectiva humana,
le dirigió hace poco una carta tremendamente lúcida en la
que le pedía, al unísono con todos los españoles, que evite
esta guerra. Como él, Señor Presidente, y como ciudadano del
mundo que quiero ver vivir en paz, le pido con respeto pero
con firmeza que abandone esa idea absurda y diga también "-No"
a la guerra de ese "Bush el conquistador" que le está engañando;
no sería mala idea que le mande usted a paseo antes de hacer
de España uno de los tres blancos de odio mundial, y, porqué
no, que deje al ciudadano Baltasar Garzón Real el bastón de
mando hasta que se arregle la situación. Con él tendríamos
por lo menos la seguridad de que reine la justicia y, a estas
alturas, ¿qué más podemos pedir?
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