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Aunque se pueda discutir el sitio elegido
para la colocación del chip porque a cada interrogación, se
bombardea el cerebro del perro con ondas electromagnéticas,
este pequeño grano de arroz electrónico cumple infaliblemente
con su misión que consiste en informar a quien se le pregunta
de la identidad del perro que lo lleva puesto. El chip se sabe
solo un numero y no sirve de nada preguntarle otra cosa, pero
a partir de este numero, se puede saber como se llama el pero
como el dueño, si el perro esta vacunado y, por derivación viciosa
pero fácil, si el dueño esta vacunado también por la sencilla
razón que cuando se sabe el D.N.I del dueño, todo se puede saber
de él. Claro que para el dueño del perro es una comodidad. Ya
no tiene que llevar encima la documentación de su mascota, el
certificado de vacunas o el seguro. Para el pero también es
una seguridad porque ya no se le puede abandonar así como así,
el chip delataría el amo traidor. La principal ventaja de este
invento es que no hay que pedir su presentación al portador,
basta con que pase delante de un detector para que se sepa quien
es y de quien es el perro. Es más que evidente que el hecho
de imponer este chip a todos los animales de compañía esta destinado
a estudiar la eficacia, fiabilidad y comodidad de acceso a los
datos de quien lleva este chivato electrónico. Aunque nadie
lo diga, la implantación obligatoria de este sistema sirve de
plataforma para evitar sorpresas a la hora de su futura implantación
masiva en el humano. Si el sistema se revela fiable, y no hay
razón para que no lo sea, dentro de algunas décadas, hospedaremos,
incluso antes de nacer, un micro chip detrás de la oreja. Se
acabarán los problemas de identificación a lo largo de toda
la vida, que sea para bien o para mal. Se acabarán también algunas
libertades, pero el progreso tiene su precio y quien se puede
decir totalmente libre hoy en día. Con nuestro nº de identidad,
cualquier puede saber más de nosotros que nosotros mismos. Se
puede saber nuestro nombre y apellidos, donde hemos nacidos,
donde vivimos y donde queremos ser enterrados. Se puede saber
si tenemos carné de conducir, títulos universitarios o formación
profesional, si hemos pagado todas nuestra multas o impuestos,
cuanto ganamos y cuanto dinero tenemos ahorrado, que coche nos
gusta y cual tenemos (que, por desgracia no es casi nunca el
que nos gusta). Se puede saber el nº de nuestra cuenta bancaria
y tener acceso a todos nuestros movimientos de fondo, se puede
saber lo que compramos y donde lo hacemos, cada cuanto vamos
al médico o a la farmacia, si nos gusta comer chino o mejicano,
si nuestros hijos van al colegio publico o privado y si llamamos
mucho por teléfono y a quien. Todo se puede saber y se sabe,
no dudemos de ello, pero se podría facilitar la cosa poniendo
a cada persona un numero de identidad verdadero, es decir, un
numero único y que sirva para todo. Este número sería su número
de identidad, de seguridad social, de teléfono fijo o móvil,
de seguros, de cuenta bancaria, de estudiante, de matricula
del coche, de tarjeta de crédito y de tarjeta de salud. Y se
puede hacer la cosa más fácil todavía colocándonos materialmente
este número en la cabeza en forma de micro chip. Que alivio
si con este chip se pudiera resolver todas las cosas de la vida.
Con el chip, ya no es necesario identificarse. Para comprar,
basta con entrar en las tiendas, coger lo que necesita y salir.
El chip hace todo lo demás. Para llamar por teléfono, solo tienes
que decir a cualquier cabina el nombre de quien quieres llamar
y nada más. La cabina que ha leído tu numero de chip tiene acceso
a tu agenda personal y encontrará sin problema el nº a llamar
y, por supuesto, el modo de cobrarse la llamada. Si tienes alguna
molestia, acudes a cualquier medico del mundo que, gracias al
chip, tendrá al instante tu historial medico completo y información
sobre tu fiabilidad económica. Quieres comprar un coche, entras
en la tienda, lo pruebas y te lo llevas con solo esperar los
tres segundos necesarios al ordenador para confirmar que tiene
bastante dinero, que tienes el carné y que el seguro ha sido
contratado o actualizado en caso de cambio de vehículo. Para
la compra, misma cosa, excepto que ya no habrá que pasar por
caja. Adiós a las colas y a los errores. A tu salida de la tienda,
el detector analiza el contenido de tu carro y, si hay dinero
en tu cuenta, tu compra se cobra al momento. Con el chip, se
puede delimitar perfectamente las zonas de acceso de cada uno,
que sea en casa o en el trabajo, y se acaban el paso de los
niños en zona peligrosa, las desapariciones sin resolver como
las evasiones de las cárceles. Todo esto es posible gracias
a un chip que se puede implantar sin dolor e incluso antes de
nacer para evitar los errores en la maternidad. Y no se creen
que no lo hayan pensado; solo, de momento, no se atreven. Pero
algún día..
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