El micro chip

Paul-Hervé Paquet

La Ley dice que nuestras mascotas tienen que llevar, escondido debajo de la piel, detrás de la oreja, un artilugio identificador llamado micro chip.

 

Aunque se pueda discutir el sitio elegido para la colocación del chip porque a cada interrogación, se bombardea el cerebro del perro con ondas electromagnéticas, este pequeño grano de arroz electrónico cumple infaliblemente con su misión que consiste en informar a quien se le pregunta de la identidad del perro que lo lleva puesto. El chip se sabe solo un numero y no sirve de nada preguntarle otra cosa, pero a partir de este numero, se puede saber como se llama el pero como el dueño, si el perro esta vacunado y, por derivación viciosa pero fácil, si el dueño esta vacunado también por la sencilla razón que cuando se sabe el D.N.I del dueño, todo se puede saber de él. Claro que para el dueño del perro es una comodidad. Ya no tiene que llevar encima la documentación de su mascota, el certificado de vacunas o el seguro. Para el pero también es una seguridad porque ya no se le puede abandonar así como así, el chip delataría el amo traidor. La principal ventaja de este invento es que no hay que pedir su presentación al portador, basta con que pase delante de un detector para que se sepa quien es y de quien es el perro. Es más que evidente que el hecho de imponer este chip a todos los animales de compañía esta destinado a estudiar la eficacia, fiabilidad y comodidad de acceso a los datos de quien lleva este chivato electrónico. Aunque nadie lo diga, la implantación obligatoria de este sistema sirve de plataforma para evitar sorpresas a la hora de su futura implantación masiva en el humano. Si el sistema se revela fiable, y no hay razón para que no lo sea, dentro de algunas décadas, hospedaremos, incluso antes de nacer, un micro chip detrás de la oreja. Se acabarán los problemas de identificación a lo largo de toda la vida, que sea para bien o para mal. Se acabarán también algunas libertades, pero el progreso tiene su precio y quien se puede decir totalmente libre hoy en día. Con nuestro nº de identidad, cualquier puede saber más de nosotros que nosotros mismos. Se puede saber nuestro nombre y apellidos, donde hemos nacidos, donde vivimos y donde queremos ser enterrados. Se puede saber si tenemos carné de conducir, títulos universitarios o formación profesional, si hemos pagado todas nuestra multas o impuestos, cuanto ganamos y cuanto dinero tenemos ahorrado, que coche nos gusta y cual tenemos (que, por desgracia no es casi nunca el que nos gusta). Se puede saber el nº de nuestra cuenta bancaria y tener acceso a todos nuestros movimientos de fondo, se puede saber lo que compramos y donde lo hacemos, cada cuanto vamos al médico o a la farmacia, si nos gusta comer chino o mejicano, si nuestros hijos van al colegio publico o privado y si llamamos mucho por teléfono y a quien. Todo se puede saber y se sabe, no dudemos de ello, pero se podría facilitar la cosa poniendo a cada persona un numero de identidad verdadero, es decir, un numero único y que sirva para todo. Este número sería su número de identidad, de seguridad social, de teléfono fijo o móvil, de seguros, de cuenta bancaria, de estudiante, de matricula del coche, de tarjeta de crédito y de tarjeta de salud. Y se puede hacer la cosa más fácil todavía colocándonos materialmente este número en la cabeza en forma de micro chip. Que alivio si con este chip se pudiera resolver todas las cosas de la vida. Con el chip, ya no es necesario identificarse. Para comprar, basta con entrar en las tiendas, coger lo que necesita y salir. El chip hace todo lo demás. Para llamar por teléfono, solo tienes que decir a cualquier cabina el nombre de quien quieres llamar y nada más. La cabina que ha leído tu numero de chip tiene acceso a tu agenda personal y encontrará sin problema el nº a llamar y, por supuesto, el modo de cobrarse la llamada. Si tienes alguna molestia, acudes a cualquier medico del mundo que, gracias al chip, tendrá al instante tu historial medico completo y información sobre tu fiabilidad económica. Quieres comprar un coche, entras en la tienda, lo pruebas y te lo llevas con solo esperar los tres segundos necesarios al ordenador para confirmar que tiene bastante dinero, que tienes el carné y que el seguro ha sido contratado o actualizado en caso de cambio de vehículo. Para la compra, misma cosa, excepto que ya no habrá que pasar por caja. Adiós a las colas y a los errores. A tu salida de la tienda, el detector analiza el contenido de tu carro y, si hay dinero en tu cuenta, tu compra se cobra al momento. Con el chip, se puede delimitar perfectamente las zonas de acceso de cada uno, que sea en casa o en el trabajo, y se acaban el paso de los niños en zona peligrosa, las desapariciones sin resolver como las evasiones de las cárceles. Todo esto es posible gracias a un chip que se puede implantar sin dolor e incluso antes de nacer para evitar los errores en la maternidad. Y no se creen que no lo hayan pensado; solo, de momento, no se atreven. Pero algún día..

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