El semáforo.

Paul-Hervé Paquet

Hasta hace poco, yo creía que los semáforos, además de estar aquí para evitar los accidentes, servían a fluidificar el trafico. Al parecer era equivocado y es justo lo contrario.

Courteline.

 

Parece que los semáforos se instalan para aumentar el numero de accidentes y coger el coche para ir, por ejemplo, de San Vicente del Raspeig a Alicante por la mañana y volver a la hora de comer es toda una expedición, casi una locura. En cualquier ciudad medianamente civilizada, los semáforos se colocan donde hay peligro de accidente y se programan para dejar más tiempo de paso a la calle de más tráfico. El responsable de programarlos no lo hace a ojo y se da la preferencia a las avenidas más transitadas, llegando los automatismos actuales a tal nivel de perfección que se puede prever que un coche que circula respetando el límite de velocidad de 50 km./h, encuentre todos los semáforos verdes a su llagada a los cruces. Además existen sensores que, una vez colocados y programados adecuadamente, hacen que el semáforo de la calle más transitada se queda en verde hasta que llegue algún vehículo el la calle transversal. Lo normal, en estas ciudades civilizadas, es de limitar al máximo el numero de semáforos, aunque fuera solo para consumir menos energía eléctrica y así disminuir la polución. Los bulevares periféricos, por ejemplo, no tienen ningunos y cruzan las demás avenidas por debajo o por arriba. Es verdad también que un puente o un paso subterráneo deja solo una comisión a la hora de la construcción, que una batería de semáforos deja comisiones repetidas, de instalación, mantenimiento, renovación, cambio de sistema, cambio de bombillas, compra y montaje de programadores (que no se programan), etc., y cuando más dinero se mueve, ya sabemos lo que pasa. Cuando más masa mueve el panadero, más se le queda pegado a las manos. Es ridículo colocar semáforos en una glorieta donde la simple aplicación de la prioridad al vehículo que llega de la izquierda basta para que el tráfico sea fluido sin necesidad de otra señalización. El cruce de gran vía con la carretera de Valencia es un ejemplo de este invento típicamente alicantino de plantar semáforos por decenas donde no se necesitan para nada y la única explicación, a parte de una improbable idiotez congénita del técnico encargado de los planos, se encuentra en la búsqueda de la santísima comisión. Como no bastaba con poner semáforos inútiles a la entrada de la glorieta, se pusieron también a la salida para matar dos pájaros del mismo tiro, multiplicando comisión el cataclismo circulatorio. En algunas ciudades como Grenoble, en Francia, Zurich, en Suiza, y muchas más por todo el mundo, se puede circular durante los siete y más kilómetros de avenidas plagadas de semáforos sin tener que parar en ninguno con la única condición de respetar el límite de velocidad. La función de un semáforo no es de parar los vehículos, sino de permitirle circular sin correr el riesgo de chocar otro por cruzar al mismo momento. En algunas avenidas de Alicante, como la Calle de Teulada, se cumulan las tonterías de este tipo. A su entrada, tenemos un semáforo en salida de glorieta. Este inútil y ridículo semáforo, al inmovilizar los coches en plena glorieta, multiplica las posibilidades de accidente. Nos encontramos Luego con una serie de semáforos aparentemente bien regulados que permiten transitar a un ritmo lento pero sin parar. De repente, a la intersección con una callejuela que tiene que ver pasar, como mucho, cuatro coches al día, uno de ellos, probablemente por pura mala leche, está programado para entorpecer esta progresión armoniosa de los vehículos. Las consecuencias son incalculables. Fatales para los nervios de los conductores que ven, día tras día, como nadie intenta arreglar este problema. Fatales para el medio ambiente porque cada año pasan millones de coches por esta calle y si los inmovilizamos todos durante un minuto, son millones de minutos durante las cuales mantenemos en este sitio coches con el motor en marcha y tirando alegremente a la atmósfera toneladas de gases tóxicos. Si consideramos que un coche necesita como media cinco litros de gasolina por cada hora de estar parado en un semáforo, solo en este cruce y por la culpa de este semáforo mal programado, se queman anualmente unos 25.000 litros de gasolina, lo que cuesta unos 3 millones de Pesetas a los conductores. Multiplicando esta cifra por el numero de semáforos mal programados de la provincia, llegamos a una suma más que indecente de dinero, generación de gases tóxicos, generación de estrés y polución entre otros inconvenientes motivados por la incapacidad de unos funcionarios irresponsables. ¿A parte de las que se pagan sobre los semáforos, cobrarán los ayuntamientos alguna comisión de los que venden gasolina?

 

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