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Parece que los
semáforos se instalan para aumentar el numero de accidentes
y coger el coche para ir, por ejemplo, de San Vicente del Raspeig
a Alicante por la mañana y volver a la hora de comer es toda
una expedición, casi una locura. En cualquier ciudad medianamente
civilizada, los semáforos se colocan donde hay peligro de accidente
y se programan para dejar más tiempo de paso a la calle de más
tráfico. El responsable de programarlos no lo hace a ojo y se
da la preferencia a las avenidas más transitadas, llegando los
automatismos actuales a tal nivel de perfección que se puede
prever que un coche que circula respetando el límite de velocidad
de 50 km./h, encuentre todos los semáforos verdes a su llagada
a los cruces. Además existen sensores que, una vez colocados
y programados adecuadamente, hacen que el semáforo de la calle
más transitada se queda en verde hasta que llegue algún vehículo
el la calle transversal. Lo normal, en estas ciudades civilizadas,
es de limitar al máximo el numero de semáforos, aunque fuera
solo para consumir menos energía eléctrica y así disminuir la
polución. Los bulevares periféricos, por ejemplo, no tienen
ningunos y cruzan las demás avenidas por debajo o por arriba.
Es verdad también que un puente o un paso subterráneo deja solo
una comisión a la hora de la construcción, que una batería de
semáforos deja comisiones repetidas, de instalación, mantenimiento,
renovación, cambio de sistema, cambio de bombillas, compra y
montaje de programadores (que no se programan), etc., y cuando
más dinero se mueve, ya sabemos lo que pasa. Cuando más masa
mueve el panadero, más se le queda pegado a las manos. Es ridículo
colocar semáforos en una glorieta donde la simple aplicación
de la prioridad al vehículo que llega de la izquierda basta
para que el tráfico sea fluido sin necesidad de otra señalización.
El cruce de gran vía con la carretera de Valencia es un ejemplo
de este invento típicamente alicantino de plantar semáforos
por decenas donde no se necesitan para nada y la única explicación,
a parte de una improbable idiotez congénita del técnico encargado
de los planos, se encuentra en la búsqueda de la santísima comisión.
Como no bastaba con poner semáforos inútiles a la entrada de
la glorieta, se pusieron también a la salida para matar dos
pájaros del mismo tiro, multiplicando comisión el cataclismo
circulatorio. En algunas ciudades como Grenoble, en Francia,
Zurich, en Suiza, y muchas más por todo el mundo, se puede circular
durante los siete y más kilómetros de avenidas plagadas de semáforos
sin tener que parar en ninguno con la única condición de respetar
el límite de velocidad. La función de un semáforo no es de parar
los vehículos, sino de permitirle circular sin correr el riesgo
de chocar otro por cruzar al mismo momento. En algunas avenidas
de Alicante, como la Calle de Teulada, se cumulan las tonterías
de este tipo. A su entrada, tenemos un semáforo en salida de
glorieta. Este inútil y ridículo semáforo, al inmovilizar los
coches en plena glorieta, multiplica las posibilidades de accidente.
Nos encontramos Luego con una serie de semáforos aparentemente
bien regulados que permiten transitar a un ritmo lento pero
sin parar. De repente, a la intersección con una callejuela
que tiene que ver pasar, como mucho, cuatro coches al día, uno
de ellos, probablemente por pura mala leche, está programado
para entorpecer esta progresión armoniosa de los vehículos.
Las consecuencias son incalculables. Fatales para los nervios
de los conductores que ven, día tras día, como nadie intenta
arreglar este problema. Fatales para el medio ambiente porque
cada año pasan millones de coches por esta calle y si los inmovilizamos
todos durante un minuto, son millones de minutos durante las
cuales mantenemos en este sitio coches con el motor en marcha
y tirando alegremente a la atmósfera toneladas de gases tóxicos.
Si consideramos que un coche necesita como media cinco litros
de gasolina por cada hora de estar parado en un semáforo, solo
en este cruce y por la culpa de este semáforo mal programado,
se queman anualmente unos 25.000 litros de gasolina, lo que
cuesta unos 3 millones de Pesetas a los conductores. Multiplicando
esta cifra por el numero de semáforos mal programados de la
provincia, llegamos a una suma más que indecente de dinero,
generación de gases tóxicos, generación de estrés y polución
entre otros inconvenientes motivados por la incapacidad de unos
funcionarios irresponsables. ¿A parte de las que se pagan sobre
los semáforos, cobrarán los ayuntamientos alguna comisión de
los que venden gasolina?
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