Por un puñado de barriles

Paul-Hervé Paquet

Copiando a los ingleses que, por decencia, dimiten uno tras otro para hacer entender a Blair que va por un camino equivocado, los cargos públicos del PP, después de un laborioso examen de conciencia y haciendo prueba de mucha honradez, empiezan a dimitir también.

 

Ahora que sus responsables tienen sobre la conciencia la muerte de dos españoles- los reporteros Julio Anguita Parrado y José Couso, España tiene nuevas razones de luchar contre esa guerra del petróleo que cubre el país de ignominia. Desde la cúpula del Partido Popular se habla de traición porque, copiando a los ingleses que dimiten uno tras otro para hacer entender a Blair que va por un camino equivocado, los cargos públicos del PP empiezan a dimitir también; craso error; la traición, comportamiento del que engaña a los que han depositado en él su confianza, sería, en caso de existir, el de un gobierno que aprovecharía una mayoría absoluta obtenida democráticamente para actuar en contra de la opinión del pueblo que le ha elegido. Que un gobierno actúe en contra de la inmensa mayoría de la población tiene otros nombres que traen a la memoria épocas siniestras de la historia; en el DRAE, encontramos con esta definición las palabras "despotismo", "dictadura" y "tiranía" por ejemplo, pero esto es otra historia y estos ediles virtuosos que dimiten lo hacen justamente para no seguir engañando al 91% de los electores que están en contra de la guerra con Irak y que, justamente para seguir viviendo en paz, han depositado en ellos su confianza. Lo de los tiranos es especialidad americana y Estados Unidos siempre los ha fabrica y colocado para poder pasar luego por el salvador; si nos fijamos en la lista de los que conoció el mundo durante los últimos cincuenta años, podemos comprobar que todos, sin excepción, fueron "made in USA"; Batista fue ejemplo de ello en Cuba, Duvalier en Haití, Pinochet en Chile, Pérez Jiménez en Venezuela y Somoza en Nicaragua; en cuanto a Sadam Hussein, Washington le respaldó durante años y Donald Rumfeld, el actual Ministro de defensa americano, fue enviado a Bagdad en 1982 con el fin de apoyar Irak en su guerra con Irán. Ahora se sabe que Bush prepara la entronización de Nizar al-Khazraji, el hombre que supervisó en 1988 la utilización de armas químicas contra los kurdos y que Dinamarca estaba a punto de juzgar como criminal de guerra cuando los servicios secretos americanos se lo llevaron para ponerlo en reserva y instalarlo ahora como tirano de turno, condenándonos a mirar una vez más la historia que se repite. Nadie en el mundo entiende la postura del gobierno español; No es comprensible que Aznar no quiera entender que su país tiene más que ganar siendo motor de Europa que remolque de Washington; nos habla de una conspiración para echar al PP de la normalidad democrática cuando son ellos que se han echado solos haciendo caso omiso de la opinión del 91% de los españoles y concretando, en virtuosos siervos de Bush, la colonización ilegal de Irak. Lo malo es que el hueso iraquí parece ser más duro que lo que pensaba Bush y amenaza con trasformarse en su Vietnam particular, haciendo que sus fieles vasallos Blair y Aznar se ven en situación delicada y no saben ya a qué santo arrimarse. Arrogándose el derecho de declarar unilateralmente la guerra a Irak, Bush, Blair y Aznar han hecho regresar el mundo entero al tiempo de las guerras imperiales. El argumento de Bush durante su discurso del pasado 17 de marzo, con su ultimátum a Sadam Hussein, fue de los más claros; "Estados Unidos dispone de la autoridad soberana de hacer uso de la fuerza para asegurar su seguridad, sean o no de acuerdo el resto del mundo y la difunta ONU". No pretendió que Irak era una amenaza en la actualidad; sólo dijo que "podría serlo de aquí a cinco años". A lo mejor, era verdad; pero si atacar a un enemigo cuyas tropas se están congregando a tus fronteras es una cosa, atacarlo porque se sospecha que tiene armas que podrían, dentro de cinco años, presentar una amenaza, es otra. Lo que afirman Bush, Blair y Aznar, no es nada menos que tienen el derecho de aniquilar cualquier país que podría presentar un peligro en el futuro como de evaluar este riesgo y responderle a su antojo. Nos dejan entender que, como en el pasado salvaje, la fuerza es la única ley, al margen de la opinión de los demás y de los acuerdos firmados. Al contemplar el poder que revindica Bush sin encontrar oposición significativa a escala planetaria, vemos que encarna ahora el dictador mundial que, como los del pasado, pretende organizar a su gusto el futuro del planeta. No es nada nuevo; ya, en 1898, Washington invocaba razones altruistas para "liberar" a Cuba del yugo colonialista español y conocemos el resto de la historia. Luego, decenas de países han fueron pisados por soldados americanos que, saliendo de uno de los últimos bastiones de la pena de muerte, iban a derrocar gobiernos hostiles con el pretexto de defender los derechos humanos y instaurar la democracia; Irán en 1953, Guatemala en 1954, el Congo en el 60 y Cuba en el 61, la Republica dominicana en el 65 y Chile en 1973,Granada en 1983, Filipinas en 1985, fallan con Kadhafi en 1986, invasión de Panamá en 1989, Somalia en 1992, Haití en el 94, Yugoslavia en el 99 y Afganistán en 2001. Ahora, les queda para "arreglar", justo después de Irak, Corea, Pakistán, Palestina, China y, porqué no, Europa, con su molesta moneda única que ha destronado ya el dólar. Como nos comenta Miguel Ángel Abstenier en "El País", el discurso de Bush ha sido el de siempre, el de todos los dictadores, siendo el afán de dominación y el altruismo los mismos motivos y excusa que por el pasado y la guerra preventiva igual que las otras, con sus "bombardeos humanitarios" y su reconstrucción estudiada y encargada de antemano a empresas amigas que pasan comisión. Bush no está para dar lecciones de humanidad a nadie y cuando dice, por ejemplo, que Irak debe tratar a los prisioneros de guerra de acuerdo con la convención de Ginebra, se refiere sin duda a cómo lo hace EE UU con los suyos en Guantánamo. Lo peligroso es que la conducta incomprensible del trío Bush-Blair-Aznar está fabricando por millares extremistas cuyos objetivos prioritarios están ya designados; son los países de Bush, Blair y Aznar y, a partir de ahora, las campañas terroristas de ETA parecerán bromas al lado de lo que se nos viene encima por culpa de un gobierno que el señor Rodríguez Zapatero califica, con razón, de irresponsable. A parte de este "ligero inconveniente", podemos temer ya lo que nos promete la etapa post-Sadam, cuando EE UU querrá controlar los pozos de petróleo iraquíes, incluyendo los que explotan actualmente compañías rusas; ¿Qué hará entonces el Kremlin; mirar calladito? Está claro que esta amistad peligrosa con "Bush el conquistador" le pasara factura al PP y los electores se encargaran de hacer que esta factura se cobre con intereses. Dice Aznar, y tiene razón, que cada uno debe asumir sus responsabilidades y los electores, aplicando este principio, harán que desaparezca del mapa político el partido que hizo de España el cómplice mundialmente odiado de una guerra ilegal y criminal. Cómo confiar en los que te dicen que el aborto es un crimen pero aceptan sin escrúpulo el asesinato de niños, mujeres y ancianos por un puñado de barriles de petróleo. De la misma manera que en países como Francia y Alemania, se ha decretado y se aplica desde el pueblo el boicot a los productos venidos de EE UU, desde refrescos y hamburguesas hasta coches y programas informáticos, España debe decir "no" también a la hipocresía y boicotear estos supuestos representantes del pueblo que no quieren hacerle caso. En una cosa tiene razón el señor Aznar; hay que actuar democráticamente y no tiene que haber, para el PP, ni amenazas, ni insultos, ni agresiones, ni huevos, ni piedras, ni bombas; pero tampoco votos; ni un solo voto para que vean que la opinión publica cuenta y que si más del 90% de los españoles están en contra de su absurda posición, es que algo falla en su política. Por si fuera necesario, la prueba está en estas dimisiones en el seno del PP. ...Aunque, pensándolo bien, estas dimisiones pueden hacer parte de una nueva estrategia electoral del Partido Popular que, al verse acorralado, intenta fomentar la recuperación de estos escaños virtualmente perdidos con supuestos tránsfugos que regresarán al rango después de las elecciones: "Piensa mal y acertara" dice el refrán.

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