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Poco después de la publicación en
"Editorial Club Universitario" de "La secta de los egoístas"
*, Raimundo Montero Pizarro nos vuelve a aportar, en la misma
casa editorial, su particular visión de un tema a menudo silenciado
por los seguidores de una ideología obsoleta, con la segunda
edición de una novela histórica titulada "La pedagogía del terror
católico", que trata sobre la Santa Inquisición y sobre la Iglesia
Adventista. A parte de la modificación, de algunos detalles
históricos cuya dudosa pertinencia, en el ímpetu de la primera
publicación, escapó a su sagacidad, no noté cambios mayores
en esta nueva edición. El autor hizo bien de no tocar nada más
de una novela que se basta a sí misma. Dichas correcciones sólo
denuncian que el autor alcanza su madurez literaria y nos vuelve
impacientes de leer su próxima novela. Después de Voltaire,
Montesquieu, Smollet, Hicking prescott, John Lothrop Motley
y Frounde, entre otros, Raimundo Montero es uno de los que se
atreven, con talento, a refrescarnos la memoria sobre las barbaridades
de la Inquisición. Los historiadores pro-católicos restan importancia
al asunto y acusan a los librepensadores de haber inventado
esta "leyenda negra", cuando, según ellos, no pasó "casi nada".
En el mismo estilo -y curiosamente con las mismas víctimas-,
los neo-nazis de hoy llaman "anécdotas históricas" a los crematorios
de los campos de concentración y sus millones de víctimas. En
el tomo quinto de su "Historia geográfica, natural, comercial
y política de los mundos conocidos" publicada en Londres en
1769, T. Smollet dice así: "Por lo que hace a la religión, los
españoles son feroces romanistas. En ninguna parte hay más pompa,
farsa y aparato en punto a religión y en ninguna parte hay menos
cristianos. Su celo y su superstición sobrepujan a la de cualquier
otro país católico, salvo, quizá, Portugal. En ninguna parte
impera la Inquisición con más horror". El historiador tiene
que diferenciar la Inquisición española de la Inquisición en
España porque si los términos se parecen, las cosas son diferentes.
Nacida de la mente de Gregorio IX y oficializada en los famosos
estatutos "excomunicamus", la Inquisición era ya una vieja dama
cuando Isabel de Castilla y Fernando de Aragón establecieron,
a partir de 1478, una institución independiente y diferente
de la del resto de la cristiandad que podemos llamar Inquisición
española. Sorprende la afición moderna por estos sacerdotes
tiránicos que murieron con la conciencia -en el supuesto de
que tuvieran algo parecido- cargada de la tortura y muerte de
miles de inocentes que, seguramente, no entendieron por qué
tenían que sufrir y morir. Uno de ellos es Raimundo de Peñafort,
un notable dominico catalán, "santo varón" venerado en muchos
municipios por su vida ejemplar. Entre sus "buenas acciones"
podemos citar la de haber solicitado y conseguido del Papa el
establecimiento del nuevo tribunal de la Inquisición en Aragón,
un detallado "Manual práctico de inquisidores" al cual no faltan
ni los planes de los artilugios a utilizar para obtener confesiones
y algunas cartas a Gregorio IX en las cuales se expone con todo
detalle como debían proceder los nuevos tribunales. El hecho
de ver a una institución del siglo XXI enorgullecerse de llevar
el nombre de semejante energúmeno es suficiente como para dudar
que el ser humano haya superado su estado de primate. Claro
que no tuvieron toda la culpa estos "santos inocentes", muchos
de ellos no sabían ni leer y sólo se les enseñaba, a menudo
por el hambre, a obedecer. Las raíces son más profundas y se
puede decir que la Inquisición nació allá por el año 315, al
promulgarse en el emperio cristiano la primera ley racista que
castiga con la muerte en la hoguera el proselitismo judío. Es
el principio de la larga serie de acciones "sanadoras" de la
cual no hemos visto todavía el final. Año 381: se arrancan los
ojos a los obispos marcionistas. 1090: exterminación de entre
seis y diez mil alemanes que se negaban, mártires de la objeción
de conciencia, a ir en tierra santa morir por Cristo. 1099:
Jerusalén es "liberada" y su población entera, setenta mil personas
incluyendo mujeres y niños, exterminada. 1234: El concilio de
Arles (Francia) decida obligar a los judíos -o a los que quedan-
a llevar un "signo distintivo". 1252: Bula "Ad extirpanda";
la Inquisición se hace permanente y el Papa Inocente (de nombre)
IV autoriza la tortura. 1254: el mismo Papa denuncia los abusos
de los franciscanos en la confiscación de los bienes y pide
su parte del botín. 1312: Bula "Vox clamantis" que disuelve
la orden del templo -no por ser rica, pero seguramente porque
era rica. 1481: Redacción del más celebre manual de Inquisición,
el "Malléus malleficarum" por Institoris, cuya lectura te hace
preguntar cómo Adolf Hitler no ha sido todavía canonizado. Casi
todo el mundo cree que esta institución criminal desapareció
cuando, en el año 1843, se pronunció su abolición. Es un error
común que ha de ser rectificado. En 1906, Pío X asegura su perennidad
y el 3 de enero de 1962, el Papa Juan XXIII utiliza uno de sus
artículos como pretexto para excomulgar a Fidel Castro (al parecer
sin provocarle ningún trauma ni quitarle el sueño). En el año
1965 se "edulcora" su denominación, pasando el "Santo oficio
de la Inquisición" a llamarse "Congregación por la doctrina
de la fe", nombre bajo el cual sigue existiendo hoy en día.
Como anécdota: en el año 1983, el Magisterio romano intenta
modificar el articulo 2335 del derecho canónico. El intento
aborta y la "Sagrada Congregación" decide que los católicos
no pueden, por ser "pecado grave", inscribirse en una asociación
masónica. El significado del nombre "Raimundo" es: "buen consejo",
y si me puedo permitir darle uno a los lectores, es que lean
la novela "La pedagogía del terror católico". Es un canto a
la libertad de pensamiento, una denuncia de todos los abusos
que, por desgracia, siempre es de actualidad. Es un acta de
acusación ineludible y delata una violencia que siempre ha sido
la respuesta de la impotencia, de la incapacidad y de la necedad.
Es una vacuna eficaz contra el oscurantismo y la habrían de
leer los jóvenes para forjarse una mente sana, libre de supersticiones
y celos ridículos y escapar a los ataques de los inevitables
agentes comerciales de todos los dioses. Los inquisidores, como
sacerdotes necesariamente parásitos, no podían entender ni admitir
el éxito comercial y social de los judíos cuya riqueza estaba
basada en un cóctel de trabajo, armonía y sabiduría, todas estas
virtudes desconocidas por ellos. Como no sabían hacer nada,
se dedicaron a ser vampiros, chupando, como siguen haciéndolo,
de los bienes ajenos. La Inquisición, una de las instituciones
más terroríficas de la historia humana, legaliza el linchamiento,
la expoliación, el crimen, la extorsión, la tortura y da la
razón a los filósofos del siglo XVIII, quienes afirmaban que
"con la Iglesia Católica, el infierno llegó sobre la tierra".
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