La Ley del Mango

En Miami, si tienes que comprar mangos, es porque no tienes amigos.

Cada verano ocurre el mismo milagro. Los árboles producen tantos mangos que sus dueños llegan a la desesperación. Empiezan regalándoles a los hijos, luego a los vecinos, después a los compañeros de trabajo y, cuando ya nadie les acepta uno más, terminan persiguiendo al cartero, al jardinero y al repartidor de Amazon con una bolsa en la mano.

Aquí no se compran mangos. Circulan.

Por eso casi me caigo de la silla cuando escuché en la radio que Miami-Dade castiga el robo de mangos.

¿Robo?

Toda la vida pensé que el mayor problema de un árbol de mangos era encontrar a quien quisiera llevárselos.

Pero la noticia me hizo pensar en otra cosa.

¿Qué pasa con ese mango que cuelga sobre la acera, saludando a todo el que pasa? Ese que parece decirte: «Llévame contigo». Uno podría jurar que el mango decidió independizarse y mudarse al dominio público. Pues parece que no. Según el condado, el mango sigue siendo del dueño del árbol.

Pero… ¿quién se resiste a esa tentación? Vas caminando, no hay nadie mirando, estiras la mano y entonces… ¡zas!… ¡Vente conmigo!

Para evitarme una multa de doscientos dolores, yo prefiero seguir fiel a la vieja tradición miamense: esperar a que algún amigo me regale unos mangos de la mata de su casa.

Porque, al fin y al cabo, en Miami comprar mangos siempre tendrá un ligero aire de derrota social.

Fue por leche… y regresó casado

Algunos supermercados de Finlandia han comenzado a ofrecer a sus clientes solteros cestas de compra de color rosa para identificarlos como tales. Quien lleva una de esas cestas indica que está dispuesto(a) a conocer a otros solteros(as) mientras hace su mercado.

Y, por increíble que parezca, el truquito parece estar funcionando… mejor que Tinder.

Ya se han reportado historias como estas:

Ellos

  • Un tipo fue a comprar leche… y regresó con una esposa.
  • Fue por unas cervezas y volvió prometido.
  • Fue por comida para el gato y terminó durmiendo con dos gatos… y su dueña.

Ellas

  • Fue por una ensalada… y terminó cambiando de apellido.
  • Fue por una bolsa de hielo… y regresó completamente derretida.
  • Fue por café descafeinado y encontró a un señor que le aceleró el corazón.

Esto ha cambiado el hábito de muchos solteros, que ahora van de compras todos los días.

Y si esto llega a Miami, Publix va a terminar patrocinando Matrimonios Express.

Un curioso recuerdito de Texas

El famoso futbolista noruego Erling Haaland compró en Texas un mapache disecado sujetando una botella de whisky por la bicoca de $750. Al llegar a Noruega, se bajó del avión mostrando orgulloso su compra. Esto se volvió viral al instante y ha desatado una desaforada cacería de mapaches en Texas para satisfacer la creciente demanda mundial de este tipo de souvenirs.

Según fuentes bien informadas, ya existen pedidos provenientes del mismísimo Kremlin y de Zhongnanhai, residencia oficial del presidente chino. El chinito de Corea del Norte, por su parte, ya recibió el suyo mediante una entrega balística especial.

Mientras tanto, el gobernador de Texas anunció que promoverá una ley para declarar al mapache con botella de whisky Patrimonio Etílico del Estado.